EN SUS ORÍGENES

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En su término se encontraron tres hachas pulimentadas de la Edad del Bronce. Procede del lugar denominado El Saxo una inscripción funeraria de época romana. Hay que añadir la Villa de la Foz, de época romana.
Aunque se alegó que el rey Sancho Garcés I ya había dado (918) la villa al monasterio de Leire, la tuvieron usurpada durante el siglo XI los antepasados del linaje Almoravid hasta que Lope López, el primero de ese sobrenombre, la enajenó definitivamente (1104) a dicha abadía, a la que siguió vinculada junto con su iglesia de Santa María. Existió en su término un hospital (1173).
En 1647 era una de las cuatro zonas semiautónomas en que se dividía el valle de Urraúl, en 1845 se convirtieron en distritos municipales y al año siguiente se deshizo el corriedo de Liédena y dio paso a los actuales ayuntamientos de Liédena y Yesa.

A fines del siglo XVIII el cultivo de las tierras era dificultoso al estar situadas al otro lado del río y distar el puente mas de media legua con lo que se atravesaba el río en barca. En 1847 el lugar tenía escuela, dotada con 632 reales; el vicario de la parroquia había sido de provisión del monasterio de Leire hasta la exclaustración de los años treinta; los caminos eran de herradura y contaban con un molino harinero.
Las comunicaciones de Liédena mejoraron ostensiblemente durante la segunda mitad del siglo XIX y, sobre todo, los comienzos del XX; se construyó un puente de cemento armado y hierro para el ferrocarril del Irati, que tuvo además estación, en Liédena mismo. En los años veinte contaba con fábrica de harinas, dos escuelas, dos molinos de aceite y una tejería. Funcionaba una fundación para mejorar la enseñanza y ejercer la caridad.

Parroquia de Santa María de la Asunción

Domina el caserío desde un alto; iglesia de tres naves formadas por cuatro pilares cuadrados y cabecera recta cubierta por bóvedas de arista y cúpula sobre crucero. La conformación actual se debe a una reforma del siglo XVIII, a partir de una iglesia medieval de la que quedan restos góticos en el coro -un arco fajón apuntado bajo la torre y una puerta apuntada-y en el exterior, donde se conserva trasladada de lugar, una portada románica. Finalmente, en el siglo XIX, las naves laterales se ampliaron hacia los pies con un nuevo tramo Y se construyó el pórtico.
Pieza notable del mobiliario de la iglesia es el retablo mayor barroco, de la primera mitad del siglo XVIII, que alberga relieves renacentistas procedentes del retablo anterior de los maestros de Sangüesa Juan de Huici y Juan de Berroeta de hacia 1630, que representan escenas de la Infancia de Cristo y de la Pasión más figuras de apóstoles. Conserva la policromía del siglo XVIII. Preside el retablo una imagen de alabastro policromado gótica que se venera bajo la advocación de Nuestra Señora de Belén.
En el siglo XVIII se data el retalo del Sagrado Corazón y en el XIX los retablos de la Virgen del Rosario y del Cristo, de estilo neoclásico. Él titular de este último retablo es una imagen del siglo XVI de claro expresivismo. Conserva un crucero de imágenes sueltas y algunas piezas de platería.Además de la parroquia cuenta con las ermitas de San Martín y de San Bartolomé en los límites del casco urbano. En su caserío destacan varias casas señoriales del siglo XVI con portalones apuntados y ventanas geminadas. Especialmente monumental es la calle Mediavilla y junto a la iglesia hay dos casas con escudos barrocos.

El Marquesado de Liédena1 es un título nobiliario español creado el 4 de enero de 1709 por Carlos VI del Sacro Imperio Romano Germánico, a favor de don Francisco de Velasco, Ceballos y Neto, señor de Liédena, en Navarra, caballero de la Orden de Santiago, del consejo de S.M. en el de Hacienda, su gentil-hombre de casa y boca y tesorero general. La merced le fue concedida en premio de sus grandes servicios políticos y militares, y los padecimientos que sufrió por seguir la causa austracista. Este título sería reconocido por el rey Felipe V en virtud del tratado de paz de Viena de 1725.

   Con la foz de Lumbier como telón de fondo, los restos arqueológicos atestiguan que, hace miles de años, hubo en el lugar una magna villa rural romana de Liédena (siglos II-IV). Contó con más de 50 dependencias entre las que se incluían un trujal, un lagar, termas, la vivienda señorial y la de los sirvientes. Y todo esto en torno a un patio central. Hoy día los restos de aquella pujanza (mosaicos y diversos hallazgos) se conservan en el museo de Navarra.
Hace 2000 años los romanos llegaron remontando el Ebro. Encontraron un clima y un suelo semejantes a los de su país y decidieron instalarse. La villa romana de Liédena, del Bajo Imperio, fue habitada en dos épocas, siglos II y IV, como muestran los restos encontrados. Las huellas de un incendio hacen sospechar que la villa pudo ser destruida por algún acto de violencia en el siglo II y reconstruida después. Precisamente en el siglo IV alcanzaría todo su esplendor, llegando a medir sus construcciones hasta 76 x 168 metros de ejes y más o menos una hectárea de superficie.

La villa romana de Liédena estuvo formada por un peristilo o patio central en torno al cual se organizaban las habitaciones y dependencias. Como elementos propios de una villa agraria contaba con un estanque, trujal, lagar y termas. Fue un verdadero ejemplo de autoabastecimiento: cultivaban cereales, vid, olivo, hacían su pan, su vino y su aceite, tenían su propio ganado…

Las habitaciones estuvieron pavimentadas con mosaicos geométricos como muestran los numerosos hallazgos conservados hoy en el museo de Navarra en Pamplona. En la actualidad el pozo, los muros y la sucesión de losas invitan a retroceder en el tiempo e imaginar cómo vivieron los romanos en Liédena hace miles de años.

 Documento histórico con datos sobre Liédena                                                                                                             0-006